Descubrí que por un día, en julio
se detuvieron todas las cosas…
que sentimos.
Que en junio guarda en mí
un verano húmedo, un rostro
que me sigue a la distancia.
Que los últimos meses del invierno
contienen la fuerza
de la vida, en su germen.
Que no existe ese futuro confinado
a la mentira de la seda,
donde sólo se mide lo que pesa.
Aquí ésta la libertad, que bendice
al adultero pecado de la piel,
que permite crecer en lo intangible
lo que mueve voluntades y desborda
todo el ánimo: lo humano
Y dice el diario que se va a salvar
el mundo con sus cuentas,
¿Acaso se comieron toda la fruta
del mítico árbol de la ciencia?
y no ven que poseer toda la tierra fértil
o aun el agua, es inútil;
También están los que nacen
para satisfacer curiosidades,
y rendir culto a la comodidad
coleccionando las historias
que no tocan el alma propia
y alimentan el culto de las «eses»
entubadas, cruzadas, enmicadas o impresas
que oscurecen el agua, adulterada…
sin semilla.
Y… que apesta pensar hoy, en lo que siento,
de la mimética apariencia de las cosas
la producción en masa y sin sentido,
de futuros congelados por avaros
super héroes de ceros alineados
que cosechan hambre, sembrando futuros
en el aire sucio, que respiran.
Caníbales rituales que comen y beben
el cuerpo y la sangre de sus dioses y sus pares
alcanzan la vejez inundados de miedo
por sus cuervos tan bien criados.
Las semillas crecen sin medida
con ondas fractales que acobijan
sonrisas satisfechas de alimento;
mientras los metales que estables se conservan
afilan su dureza y precisión.