Cuando la inocencia
abre sus alas y se va
deja en húmeda nostalgia
el sabor dulce de los días.
Es cicatriz en una nota
el sueño que arranca
para matenerse viva
en los otros días.
Para sostener
a su corazón,
los otros días.
Pasa a traves
de estos fantasmas
cuando el tiempo pasa
cayendo sobre las horas
en la misteriosa devoción
que llena los otros días
sin luz y sin sombra
sólo el tiempo
que se va.
Para respirar
mirar y andar,
los otros días.
Y es esa simetría
que parece estar viva
pues arranca el sueño
sin dejar una dulce nota;
para esa cicatriz de los días,
cada nostalgia, es inocencia
sin alas, que sólo está
sin ser, los otros días.