Hay palabras que se ahogan en el aire
respiran en estos días frios, se derraman
¿Dónde se está, y dónde se quiere estar?
A que brazos se va ceñir ese «no se…»
arriesgado es, no pedir nada, al dar…
Sí, he dejado huellas en pieles profanas
también en algún alma, en redención
nunca supe si propia o ajena…
Ante el espejo que cuando llueve pregunta
¿Tú de que vas? y, se escapa ese «no se…»
Hasta donde el mar y el cielo son espejo … ∞.
Hay un sonido que resulta ser yo, mi voz
¿Quién vale mas de cuatro cuños?
¿Que dicen las ventanas y las puertas?
Cuando el alma toca esa eternidad insondable
es el precio puesto y los lazos de ese «no se…»
Y me siento sobre el miedo de andar
denme piedad, redención; cielo y mar, una razón
pongan en su espejo una luz p´al corazón!
—No me mueve…— ¡Dice el poeta!
—No, me mueve…— ¡Le contesto!
Son siempre las historias que nos contamos;
las historias que nos contamos;
las historias que nos contamos;
las historias que nos traen Paz,
en las pequeñas cosas que nos acompañan.
Y realmente duele el perder la dimensión
la mesura de las cosas,
de las historias que nos contamos;
de las historias que nos contamos;
las historias que se llevan la Paz,
sobre las pequeñas cosas que nos acompañan.
Cuando las luces se van… ¿A dónde van?
Con el ritmo de los amores indecentes,
que repiten sin cesar ese «no se…»
y las acciones decentes que dejan la otra paz…ø
respiran en estos días frios, se derraman
¿Dónde se está, y dónde se quiere estar?
A que brazos se va ceñir ese «no se…»
arriesgado es, no pedir nada, al dar…
Sí, he dejado huellas en pieles profanas
también en algún alma, en redención
nunca supe si propia o ajena…
Ante el espejo que cuando llueve pregunta
¿Tú de que vas? y, se escapa ese «no se…»
Hasta donde el mar y el cielo son espejo … ∞.
Hay un sonido que resulta ser yo, mi voz
¿Quién vale mas de cuatro cuños?
¿Que dicen las ventanas y las puertas?
Cuando el alma toca esa eternidad insondable
es el precio puesto y los lazos de ese «no se…»
Y me siento sobre el miedo de andar
denme piedad, redención; cielo y mar, una razón
pongan en su espejo una luz p´al corazón!
—No me mueve…— ¡Dice el poeta!
—No, me mueve…— ¡Le contesto!
Son siempre las historias que nos contamos;
las historias que nos contamos;
las historias que nos contamos;
las historias que nos traen Paz,
en las pequeñas cosas que nos acompañan.
Y realmente duele el perder la dimensión
la mesura de las cosas,
de las historias que nos contamos;
de las historias que nos contamos;
las historias que se llevan la Paz,
sobre las pequeñas cosas que nos acompañan.
Cuando las luces se van… ¿A dónde van?
Con el ritmo de los amores indecentes,
que repiten sin cesar ese «no se…»
y las acciones decentes que dejan la otra paz…ø