viernes, 23 de marzo de 2012

Sólo emociones y palabras…

Es cuando no se escucha o no se ve al otro, es por así decirlo, el desperdicio, sólo emociones y palabras unas que se sienten por la cercanía, las otras que no llegan a ninguna parte; es así. Más allá de las absurdas moralinas y el uso mismo de la libertad, que siempre es dado, hay una lealtad básica a uno mismo: va  desde lo que se es, en donde, con quien se está y el como; hasta lo que se quiere ser, estar y como. Si asumimos un principio, desde la libertad, y ésta, es en función de la propia capacidad de comprometerse con ella, es la que determina los limites de aquello que conlleva la elección, donde ésta elección establece otros limites, los de la propia traición, es decir, toda decisión en dirección de aquellos elementos que no pertenecen al conjunto de la elección, atenta contra la libertad, la socava. El riesgo es quedar preso, literalmente: perder la libertad por dos extremos, el primero no elegir, aquel que no tiene capacidad de elegir, no tiene derecho sobre la propia libertad; el segundo no comprometerse con la libertad, lo que es despreciarla, como derecho y voluntad. La condición humana, su miseria, se mueve entre estos extremos, aun cuando las variables sean simples o complejas: si elegimos comer helado de fresa, y al comerlo, estamos pensando en la vainilla, sufrimos el tormento de la vainilla, el antojo que se hace necesidad, necesidad que impide gozar la fresa, la perdida no está en que se sufre la vainilla y se desperdicia la fresa, está en desperdicio de la libertad; ahora el caso contrario el no elegir entre fresa o vainilla, nos lleva al sufrimiento de ambos, la incapacidad de elegir que cancela la libertad. Pero la libertad incluye, dirán, fresa y vainilla, y es cierto, en tanto más compleja sea la elección, aun más compleja será la decisión, se puede incluso llegar a preferir, porque no, ¡vainilla con catsup, fresa, pasas, betabel, azúcar y carne seca! Entonces la elección pasa de ser helado a ser alimento, un nuevo conjunto y de éste un nuevo elemento. Sin embargo el proceso de elegir no sólo se hace complejo en el conjunto de los objetos y las cosas, ahí la libertad no tendría porque tener limites, aunque artificialmente los tiene, éstos los propaga el otro aquel que representa: la convivencia, la compañía, el entorno y con éste último, se asegura la supervivencia. Hay en la condición humana, otros planos en donde aquello a lo que se refiere la elección tiene consecuencias: las ideas y los sentimientos; es decir lo propio y lo intimo. Es aquí donde lo material es prescindible aun cuando esto sea lo que origina tanto lo propio como lo intimo, el objeto o el otro, en principio es sólo el pretexto para ejercer la libertad. las variables entonces se acumulan y se complican, se accede a lo que sin limites claros pudiese ser el bien o la peregrinación del mal… donde uno puede creer que es limitado por la elección misma, y si, la libertad es en su propia esencia compromiso y elección, incluyendo dejar o salirse de ello, cuando el sentido del ser en su esencia ya no está ahí, por elección.

jueves, 22 de marzo de 2012

Butaca…

Para mi Lady




Ver  la  belleza,  con  ésta  mirada
sonreír  tan  sólo  porque  existe,
una  butaca  y  la  escena  resiste,
viendo  la  vida  casi  empalmada
hueco  que  al  estomago  asiste,
cosas  que  el  corazón  desviste,
trapos  de  emoción,  acumulada
dejar  salir  lagrimas,  lo  hiciste,
ser  aquello,  es  lo  que  persiste,
tener  le  tanta  fe  a  la  almohada
y  así  es  supiste
que  el  alma  a  ser  insiste
llevar  esa  razón,  la  apasionada,
a  recorrer  aquello,  con  que  viviste
por  acumular  el  saber  y  sin  despiste
seguir  a  un  punto  fijo,  el  que  faltaba
junto  a  todo  el  mundo  al  que  subiste
donde  sólo  llora  quien  estando  triste
sin  saber  como  salir  de  su alcazaba
por  estar  aquí  donde  hay  alpiste
cada  camino  al  cual  tu fuiste
con  aquello  que  quedaba
o  que  ahí  pusiste