lunes, 2 de septiembre de 2013

Lluvia

 ¿Habrá caído suficiente lluvia
como para poder diluir
la húmeda confesión de los asesinos
que en sangre dicen 
que jamás hicieron nada?
Mientras, absortos, ladramos a las estrellas
¿Inundará al borde todos los arroyos,
mojará los caminos, hasta sus embrollos?
¿Dónde se reflejan las estrellas más grandes?
Cuando las oscuras bendiciones
ocultan las cosas muertas
terciopelo que cubre piedra
¿Podrá esa lluvia lavar el valle 
de tantas lágrimas que solo callé?
¿Ahogará con su estruendo 
el sonido de las lejanas risas?
¿Caerá, como todos los veranos?
¿Desbordará nuestros ríos
en oscuros pantanos?

Es una tormenta
porque la quería
sin papeles, ni futuro;
para abandonarse…
en aquella lluvia
que baña lo que alcanza
hay tormentas que mojan el mar
Sin capitán, de mar o guerra,
la miseria humana y propia
es tema de sobremesa
para disidentes e indecentes
que no dan por sentado
ningún latido propio o ajeno

Al hambre no le importa nada
ni la caducidad del queso,
ni la comisión de salud
o las normas de comercio;
mata lento y no especula;
mientras en los Alpes se enriquecen,
con sangre sucia,
de angustia, 
que envenena ojos
al puro reflejo
 de su carencia.

Salvese quien pueda
¡Pues de eso se trata!
Ya murieron los héroes 
y sus banderas.

La libertad está guardada
entre palabras untadas
sobre papel y polvo, 
es alguien que conocía
Tove o Julieta.

Para las naciones
sed y hambre
son mazo de poder,
que se subasta.

La publicidad en masa
pagará en consumidores,
la sangre de los ciudadanos
extintos en su propio silencio:
cuando la infancia de un niño
es su vida
en la fragilidad dormida
donde están esos rincones
que a cada cual le duelen,
es silencio, 
donde lo humano 
niega su talento.

El océano está vivo
lo pequeño es su alimento,
tanto pelea como acosa;
el poderoso depredador, 
lo sabe
y siempre atento
a lo que va lento.

Éste es el viaje de la desolación
para hallar un espejo
que nos muestre
el rostro vivo de la muerte
ante la nostalgia de lo inmediato
sólo se contiene violencia
para quien asume el abuso
cual sacrificio sagrado
desde esa compasión, a lo humano.

La niebla esconde el paisaje
que sólo contiene la memoria de lo hecho,
de lo que se ha sido,
y cuando eso pequeño se acumula
es basto.

Convencidos de que un trago
de agua gasosa, carbonada
condimentada con café y naranja
lo es todo, 
para quien se arrodilla
ante plástico verde que es su fuste,
en el ansia 
de los metales pesados y dúctiles, 
se tejen redes sólidas
donde la presa se siente segura.

Su sed estará saciada, 
la naranja evita y endulza
el sabor del llanto.
Para terminar bailando
entre la dieta y la insulina.

Tanta lluvia pasa por aquí,
sin cadencia, crisis ni proporciones
pero quiere lavar la sed del verano
y ahogar el hambre.