El tenerlo todo,
la simple idea de ello…
vacía el alma, no hay
competencias
ni habilidades que provar;
ná que valga la pena
—¿Cuál pena? —ah ésa.
Ahí la confusión es perversa pero real, no se dirime entre lo correcto y lo que conviene,
no!
Sólo aplica el quiero porque quiero, y que el mundo se chingue!
si que se chingue!
—el que paga manda…
Sobre el que se vende.
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