Leer teatro.
En la lectura nadie miente,
ellos se aman y mueren
en la lectura;
en el escenario,
hacen como que se aman
y como que mueren
tras bambalinas, se odian
van muriendo…
En la lectura ellos se odian
y se matan;
y en escena,
hacen que mueren,
y son siendo amigos
tras bambalinas.
¡Precaución!
Firme ésta el corazón
cual roca solida
atento a sí,
en cada imagen
y mira sin desprecio
los engaños cotidianos.
¡Cuidado!
El actor se desvanece
ante la cotidiana entrega
de actos de amor
y en la confusión
el lector imagina
que las advertencias
en rojo con calaberitas,
son postales de amor…
con un desdibujado corazón.
Hay pieles que son como campos minados,
no se puede actuar el horror de las explosiones;
hay pieles rebosantes de fértil emoción
llenas de palabras que obligan silencios,
que sudan sin piedad; hay pieles que se leen,
otras que se lloran. También a si mismas.
El teatro (de la vida) hay que leerlo,
al vuelo y, vivirlo hasta el desgaste;
es traición… actuarlo.
En la lectura nadie miente,
ellos se aman y mueren
en la lectura;
en el escenario,
hacen como que se aman
y como que mueren
tras bambalinas, se odian
van muriendo…
En la lectura ellos se odian
y se matan;
y en escena,
hacen que mueren,
y son siendo amigos
tras bambalinas.
¡Precaución!
Firme ésta el corazón
cual roca solida
atento a sí,
en cada imagen
y mira sin desprecio
los engaños cotidianos.
¡Cuidado!
El actor se desvanece
ante la cotidiana entrega
de actos de amor
y en la confusión
el lector imagina
que las advertencias
en rojo con calaberitas,
son postales de amor…
con un desdibujado corazón.
Hay pieles que son como campos minados,
no se puede actuar el horror de las explosiones;
hay pieles rebosantes de fértil emoción
llenas de palabras que obligan silencios,
que sudan sin piedad; hay pieles que se leen,
otras que se lloran. También a si mismas.
El teatro (de la vida) hay que leerlo,
al vuelo y, vivirlo hasta el desgaste;
es traición… actuarlo.
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