Con la prisa que todo lo toca,
reciclé la intimidad compartida,
sin piedad.
Con la sequedad para mirar
a quien en mi,
poso su deseo y su piel;
tengo esos bienes,
que rompen la dignidad.
Con mezquindad para consagrar
a los que la observan,
como un tren a su riel,
desvanecí la ilusión de vivir,
en la comodidad.
Ante la soledad
para tomar promesas
de incesables lunas de miel;
pagué mi ausencia en oro sólido,
es mi libertad.
Esa sequedad
donde actuar por no estar
y abandonar mi idea fiel;
yo juré con afán a la justicia,
mi solidaridad.
Y solté mi verdad sin más pesar.
hoy siembro aquí
una semilla de hiel;
pues firmé con sangre propia,
esta complicidad.
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