Sí, los suspiros antiguos merecen reverencia
daré entonces al mío preferencia
si los suspiros pueden ser comunes
veré algunos caer al unirse al mío.
Hubo vida lo juro, con sueños ¡nada llena el vacío!
antes del banquero que propuso la supervivencia
con precio bajo, a la tierra y al trabajo
su ambición es el desasosiego de promesas y mentiras
nace de la cañería de podridas entrañas
donde se arrastra y recorre sin descanso
su propio y personal infierno urge de compartir.
Acecha siempre la muerte, aún al de los dientes afilados
y los ojos tapados, con sentimientos atados al trabajo sucio
de dioses inertes que sólo esparcen el aroma de su lápida
en espera, fría y seca, tal como su hembra se hizo,
al calor de su cuerpo y compañía.
Como miembros honorarios de la cofradía de los rumores
que constituyen la niebla de la traición y la venganza.
Vivo soñando, sí; sueño cantando, quizá se escucha
el sueño de la sonrisa profunda en la vida que duele
ante el vacío que dejó la magia de los dioses profanos.
Escucha el dolor de las víctimas del genocidio continuo
ésta es la vanidad de los diamantes, la rareza lejana
que pudre las entrañas y alimenta sinzazones
al robar las palabras, se atan a ellas los dolores,
nos queda amar lo que contiene la vida: tiempo compartido,
alimento de una sonrisa profunda que construye amaneceres
entre la honestidad del sueño y la enemistad de esos placeres
que con falsas promesas y mentiras que exhiben el vacío
aún si se replican para ocultarlo
tras una montaña de objetos sin alma.
Sin suspiros nuevos o profundos.
daré entonces al mío preferencia
si los suspiros pueden ser comunes
veré algunos caer al unirse al mío.
Hubo vida lo juro, con sueños ¡nada llena el vacío!
antes del banquero que propuso la supervivencia
con precio bajo, a la tierra y al trabajo
su ambición es el desasosiego de promesas y mentiras
nace de la cañería de podridas entrañas
donde se arrastra y recorre sin descanso
su propio y personal infierno urge de compartir.
Acecha siempre la muerte, aún al de los dientes afilados
y los ojos tapados, con sentimientos atados al trabajo sucio
de dioses inertes que sólo esparcen el aroma de su lápida
en espera, fría y seca, tal como su hembra se hizo,
al calor de su cuerpo y compañía.
Como miembros honorarios de la cofradía de los rumores
que constituyen la niebla de la traición y la venganza.
Vivo soñando, sí; sueño cantando, quizá se escucha
el sueño de la sonrisa profunda en la vida que duele
ante el vacío que dejó la magia de los dioses profanos.
Escucha el dolor de las víctimas del genocidio continuo
ésta es la vanidad de los diamantes, la rareza lejana
que pudre las entrañas y alimenta sinzazones
al robar las palabras, se atan a ellas los dolores,
nos queda amar lo que contiene la vida: tiempo compartido,
alimento de una sonrisa profunda que construye amaneceres
entre la honestidad del sueño y la enemistad de esos placeres
que con falsas promesas y mentiras que exhiben el vacío
aún si se replican para ocultarlo
tras una montaña de objetos sin alma.
Sin suspiros nuevos o profundos.
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