jueves, 9 de mayo de 2013

Olvido

Difícil sería, oh reina, contar menudamente mis infortunios, pues me los enviaron en gran abundancia los dioses celestiales; mas te hablaré de aquello de lo que me preguntas e interrogas. Hay en el mar una isla lejana, Ogigia.

H. 




Prometí al olvido
un poema largo y sentido,
compuesto en versos cortos,
suaves; pero simples y cumplidos;
quizá con algunas rimas alejandrinas
de frases filosas como láminas finas,
es que está mi voz puesta en un hilo,
porque así es como cantaré al olvido,
sobre una diosa...
que ensueña con su vida ociosa.



Al principio como en cita a ciegas,
unas manos trémulas se entibiaban:
saber sufrir, saber amar; sólo saber
cómo un murmuro del viento, lloró
y ese llanto, envolvió las agonías,
repitió al infinito el mismo coro,
guitarra languida, notas turbias
es sólo, una quimera vacía,
el anhelo de una distancia
para volar lo más alto
sobre la humanidad,
por las esquinas.




Fue lluvia que sembró amor en un desierto,
lo que nos duele; es tan estéril, tan muerto,
un semejante ya ropió lo que es tan cierto,
¿cómo ir en un barco sin viento, ni puerto?




Los dulces sueños, están hechos con esto,
todos buscan algo, nada importa es cierto,
recorre los siete mares, pregunta al viento,
 ¿se trata de usar o ser usado sin  lamento?




Si duele la lluvia en el jardín, cada momento,
sin fuerza vibrar, al sembrar un amor muerto,
busqué la mano fraternal, aquí no hay huerto,
que uno se hace de a poco, al dolor experto.



Sí, la sangre lleva consigo el cariño,
un atado propio, tal como su ariño,
una trampa que tendió esta vanidad
desterró el paraíso a un ser suicida,
en la fiesta y cada cual es lo que es
ante un espejo gruñido o reluciente.




Por presumir quereres sedentarios
las medias verdades, son plurales,
todos los reflejos de falsas mitades
son asuntos vulgares hasta banales.



La torre y el alfíl, tal cual son pecadores,
piezas de campo, sensibles soñadores,
van hieren de frente y mueren de perfil,
vivimos la ficción de un niño acorralado
en su oscuro culto de lo que es sagrado,
prisionero de una curiosa y triste afición.



La sombra no es lo que contine el pasado
sino aquello que de él llevamos sin soltar:
una banana cubierta con helado
dos cafés y una mesa montada
para bailar por los pasos cebra,
de norte a sur desde el atardecer;
se que por las mañanas las horas,
se van más rapido y tinen prisa
porque hay hambre.




Bailar y bailar y bailar;
si hasta el sol regresó
de ser el movimiento,
el ritmo y la música.




Margaret,
los suspiros si son colectivos
y algunas de las lágrimas
sólo que hay 
quien se pierde en sí,
¿cómo es que Perseo descubrió
el reto propio de su inteligencia?
Y se olvidó del poder de su corazón.



Nada importa lo que sentimos o pensamos,
lo que hacemos e hicimos y cómo,
sino lo que somos o fuimos
siendo, sólo olvido.










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