Nada ni nadie, llora como lo hace un Cello
ya sabemos donde están las cosas muertas;
un ser extraño pasea en un cuerpo conocido,
antes pertenecía a alguien cercano, que murió
es la seda ligera de un beso de nadie
cuando las horas, parecen cansarse.
Restaurar una república entre mentiras,
a la orilla del mar hay rostros sin dueño,
con lo que nunca existió, en los sueños;
son recuerdos: donde acaba una sonrisa,
pesan el tiempo, los libros, las canciones:
hay heridas que van destilando su dolor.
Con la vida y la muerte bordada en la piel
un niño jugará a olvidar tantas traiciones:
los amigos, los adioses, la vida, el corazón,
la costumbre de recibir oscuras bendiciones,
se llevan algunas alegrías
y cancelan sus emociones.
Aplican las leyes, aferrados a la inercia,
cuando fuerza es masa acelerada
toda acción, se limita a su opresión
el color va sin nombre o esqueleto
con aquello que fue y está perdido
cuando nadie entiende el fuego
las horas pasan muertas.
Son grandes las palabras,
que arriman esas tristezas
como corre el tiempo, el mar aprende
esos nombres que borra en la arena,
como el hogar que motiva la paz,
cuando la guerra es la belleza
al amar sólo en la piel,
y no por las lágrimas
que esconden
palabras…
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