A quien sabe fue y no pudo ser.
Entre el brillo de esos ojos
y lo opaco de la piel de estas uvas
su ausencia es un queso suave,
que el sabor de su piel disipa
en este mi largo silencio
que de ser nunca termina,
ni de estar
mientras mis nostalgias
atadas a su trono
dan tras vueltas
en la oscuridad del firmamento
cual castigo a su vanidad
en el espíritu de Cassiopeia
por la voluntad e ira de Poseidón.
Nostalgias que se sienten
ahora que juegan de suplente
y subrayan lo que no está
lo que tibio ha borrado el olvido
la vida de todo lo que no fue
lo que pudo ser, lo que no será
es polvo en la arena
esa vanidad perdida
en el salón de los espejos.
Y vuelven
vedando coordenadas
a la nada que habitan
el mundo es propio
cuando la suerte está echada
por la soledad.
Cae la lluvia ligera y fría
y la terraza, poblada de mitos
que quieren renacer de sus cenizas
y van atentando así, contra la lógica
mientras la razón se cae
por la prisa de querer…se.
Entender sin pensar
como actúan en su papel
sobre un escenario vacío
sin espectador, ni guión;
ni cuerpo real;
personajes
que claudican a su persona.
Cuando todo es tan fácil
porque si hay amor
nada puede fallar o faltar.
Así como las nostalgias
que se salen del olvido
son sólo sombras del amor.
Mi deber está con mi patria
que son mis zapatos y sus pasos
que pizcan momentos en la vida
para proporcionar esta alegría
que da sonido a mis silencios,
por donde quiera que estén.
Una lluvia pesada cae sin avisar,
es como la risa a su sonrisa,
son los haberes
de la casa que sustenta
mi deber con el tiempo
cuando llegan de golpe todas las cosas
que nunca supe como decir
a mis nostalgias…
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