Inocuo
…a María Teresa,
porque te quiero a morir
y me importa que tu seas tu,
tu misma,
«muy tu misma».
Amar en sí
algo profundo;
declararlo –estar ahí–
sostenerlo, soportarlo;
abrir cincuenta puertas
y no encontrar tu amor.
Sí, tu pasión,
tu cuerpo: entregado;
ebullición… casi volcánica,
que todo lo quema
y al enfriarse: roca,
una capa nueva que cubre
tus sentimientos ocultos
¡Incluso de tí!
¿Es capacidad?
Así como lanzar la pelota,
o el toque de raqueta…
¡Un talento!
Y palabras, palabras;
Aparentamos:
silogismos del pensamiento;
silogismos del miedo;
de los miedos, tuyos propios
y los ataviados.
Hablamos profundo,
tanto como las estrellas,
sin metáforas
(las hemos asesinado),
con las emociones mismas
como salen… como son.
Estar en el amor o sostenerlo
romper con las uñas,
con los dientes:
esa roca
la dureza propia,
de la indecisión…
¿Amar es hacer «el amor»?
¿Sera infinita la combinatoria
de pasiones?
¿bailamos?
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