jueves, 9 de diciembre de 2010

Inocuo

Inocuo
…a María Teresa, 
porque te quiero a morir
y me importa que tu seas tu, 
tu misma,
«muy tu misma».

Amar en sí
algo profundo;
declararlo –estar ahí–
sostenerlo, soportarlo;
abrir  cincuenta puertas
y no encontrar tu amor.

Sí, tu pasión,
tu cuerpo: entregado;
ebullición… casi volcánica,
que todo lo quema
y al enfriarse: roca,
una capa nueva que cubre
tus sentimientos ocultos

¡Incluso de tí!

¿Es capacidad?
Así como lanzar la pelota,
o el toque de raqueta…

¡Un talento!

Y palabras, palabras;
Aparentamos:
silogismos del pensamiento;
silogismos del miedo;
de  los miedos, tuyos propios
y los ataviados.

Hablamos profundo,
tanto como las estrellas,
sin metáforas 
(las hemos asesinado),
con las emociones mismas
como salen… como son.

Estar en el amor o sostenerlo
romper con las uñas,
con los dientes:
 esa roca
la dureza propia,
 de la indecisión…

¿Amar es hacer «el amor»?
¿Sera infinita la combinatoria
de pasiones?
¿bailamos?

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