lunes, 6 de diciembre de 2010

…Vigesima Quinta

Hay quien tiene talentos, quien los usa y quien primero es humano…
El catorce de octubre abrí con el derecho a la mentira, la caja de pandora, ayer éste toco fondo, sus consecuencias; revise desde mis ojos la capacidad de usar, usarme, usando incluso mis lagrimas para atender la vanidad; el absoluto del ensimismamiento que lleva a la soledad, la antítesis del juego eterno de «Rosario»: porque nos amábamos y a ratos éramos amigos, quizá para retar al interés propio de la duda, zarpazo a zarpazo, el caballo es la comparación: todo lo comparable; el brinco del pasado al incierto presente. Nos hemos comido los alfiles, ¿Que puede hacer un reino si no hay principe heredero? ¿Jugar el diafano y sutil juego de las vanidades y las exigencias? Y aveces por continuar: sacrificamos un peon para evidenciar el jaque. Atentos arraigados a la vida desde nuestras almas propias; existimos pues. Con el riesgo de que tu corazón no pueda entender que estoy con vida; de que mis palabras se repitan epistola, tras epistola a saber a cuantos destinatarios les caben tu mirada y el profeso silencio que se repuja en tu corazón. Es, dicen, el viajero el cuenta sus viajes, hay viajes que tocan el corazón, cuando lo cotidiano solo lo atiza el fuego y lo alimenta, ¿Saber ser pareja es también bailar en silencio con tus fantasmas? ¡con tus ocultos silencios! La estantería tiene más rincones, la duda es quien me mueve a revisarlos y me guía por el laberinto de tus sentimientos: que dudo a veces que no eres todo o lo más simple que tu corazón devanea con el pasado que visita al presente. Las torres tendrían que ser la decisión, y pareciera que pretenden estar hasta el final del juego, ser las garras del zarpazo último que aniquile, de modo inapelable y, para siempre, al otro… ¿como extirpar el miedo a que nadie sepa y juzgue?

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