lunes, 29 de agosto de 2011

Espera…

Había tanto que decir y las cartas en su espera pierden vigencia, realidad, lugar y tiempo… espera de silencios, que se rompen sólo cuando duelen… mil voces claman de alegria, y sólo nos mueve ese dolor, olvidando la  plegaria irreverente, «no me mueve mi Dios para quererte… …pues aunque lo que espero, no espera… » volteamos la mirada a las palabras que duelen, que limitan o comprometen: vemos que los reclamos, sólo son parte de las consecuencias…

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